PRESENTACIÓN DE "CON QUÉ SUEÑAN LOS ALGORITMOS" (DOMINIQUE CARDON, ,DADO EDICIONES, 2018)

PRESENTACIÓN 

Vicente Huici Urmeneta 

Salvo para quienes tienen más o menos conscientemente una perspectiva creacionista, el ser humano se ha concebido siempre como fruto de la interacción de su cuerpo y el mundo a través de la técnica. Técnica entendida originariamente como “arte” en el modo de hacer algo y posteriormente, en diversas variantes, como exhalación de su sentido original ya convertida en manipulación. 

Del estudio de la aludida interacción han surgido diversas consideraciones sobre lo humano que han dado lugar a su vez a acepciones como homo habilis, homo sapiens, u homo faber. La última transformación del devenir técnico ha acontecido a partir de 1990, con el nacimiento de la World Wide Web (www) y el comienzo del desarrollo de la revolución digital. Esta última transformación ha conllevado la aparición de un nuevo tipo de individuación que cabe denominar “zoon elektronikón” (Huici y Davila, 2016), en actualización del “zoon politikón” propuesto en su momento por Aristóteles (1253ª, 1986) y acentuando su vínculo con el mundo electrónico. 

La figura del “zoon elektronikón”, analizada desde el punto de vista de la “individuación subjetivante” ofrecería una serie de características claramente reseñables, como la conexión permanente, la desubicación espacio-temporal y, acaso lo más importante, un ámbito de socialidad vinculado [8] a su propia activación en la red no necesitando sino una limitada memoria de trabajo. 

Sin embargo, conforme la revolución digital ha ido avanzando, la propia activación en la red, entendida esta como red de redes, ha generado otros fenómenos que tienen ya más que ver con lo que podría denominarse la “individuación objetivante”. Pues, en efecto, y como se ha señalado (Huici, 2017), el comienzo de la crisis económica en el año 2007 coincidió, por ejemplo, con la primera gran expansión de Facebook que en 2015 tenía ya 1.350 millones de miembros que se comunicaban en 70 idiomas y utilizaban 50.000 servidores. Facebook se ha constituido así en un enorme negocio con cerca de 10.000 empleados, 60 oficinas y un valor de 25.000 millones de dólares USA, controlando Instragram desde 2012 y Whatsapp desde 2014. Todo lo cual ha favorecido un flujo ingente de información de cuyo valor político ya se tuvo noticia cuando en 2013 la Agencia de Seguridad Nacional de USA reconoció que utilizaba Facebook para realizar seguimientos: paradójicamente eran los propios usuarios quienes proporcionaban la información que durante años había sido el objetivo de los servicios de inteligencia. 

Habida cuenta la aparición de buscadores refinados como Google, y asimismo la implantación de sistemas de seguimiento como las cookies se ha conseguido la identificación del usuario para facilitar la rapidez de su acceso, pero también para vigilar sus anteriores navegaciones, con lo cual la deriva de datos se ha multiplicado y el mapa resultante se ha constituido en un nuevo negocio. 

Y he aquí que se ha recuperado un viejo concepto combinatorio que no es sino el “algoritmo” (Ibáñez, 1985), que en este [9] caso opera relevando una y otra vez los millones de datos recabados para, aprovechando las redes generadas, ofrecer la posibilidad de acelerar las transacciones de información que al cabo son utilizadas fundamentalmente desde una perspectiva económica: de ahí las sugerencias, no sólo de “amistad”, sino también de “bienes” y “servicios” que podrían resultar “de interés”. 

Por todo ello parece oportuno que se deba hablar ya de una “individuación objetivante” pues los sujetos implicados, animados incluso en algunas ocasiones por robots estimuladores de supuesta información “validada”, pasan de ser contemplados como meros recipiendarios a ser objetivados como consumidores. De manera que, en la dialéctica que se genera, van siendo modelados de cara a los posibles requerimientos de consumo de la vida cotidiana, de forma cada vez más matizada, es decir, prácticamente “a la carta”. 

Pues bien, es en este contexto en el que se desenvuelve la sugerente obra que sigue a continuación, cuyo autor, Dominique Cardon, es bien conocido por sus perspicaces investigaciones sobre estos temas, entre las que destaca La Démocratie Internet (Cardon, 2010). Así, en los cuatro y sucesivos capítulos de Con qué sueñan los algoritmos se hace un escrupuloso repaso a los últimos fenómenos antes reseñados, comenzando por una sugerente clasificación de las “familias” del cálculo digital, insistiendo luego en la manipulación que supone la reducción de la realidad a lo calculable, deshaciendo a continuación la supuesta objetividad del maquinismo estadístico y finalizando con una puntillosa evaluación respecto de las consecuencias sociales de la viralización de la atención. 

[10]Tras el recorrido descrito, la conclusión se impone sin mayores alharacas: en esta nueva fase la Estadística, es decir, la ciencia del Estado, se ha privatizado aprovechando que “los contadores son omnipresentes” y formando un último bucle en el mercado capitalista. Aun así, Cardon insiste en que nada de lo anterior hubiera sido posible si no se hubiera dado por sentado socialmente –y argumentado científicamente, en la medida en que ha sido posible– que las cuentas estadísticas, adquiriendo el valor de verdades, se hayan convertido en instrumentales adjudicando dicho valor a la evolución del valor medido –paradójicamente cuantitativo– entre dos registros. 

De manera que, como el propio autor indica, por ejemplo, “las denuncias de las mujeres maltratadas devienen el número de mujeres maltratadas, los investigadores más citados devienen los mejores, los institutos que tienen el mejor resultado de la selectividad son los mejores centros educativos”. Por lo tanto, cualquier deriva crítica debería comenzar por una profunda discusión acerca de la naturaleza de tales verdades, que partiendo de su dimensión cuantitativa pretenden reconvertirse en valores, es decir, adquirir una dimensión cualitativa con la añagaza argumental de que han sido el fruto de una contabilidad suprema como se presenta la generada electrónicamente. 

El reto es difícil y singular por cuanto, desde los albores de la era de la computación, ha habido un público, incluso bien formado culturalmente, que ha otorgado a una tecnología que no entendía unas desmesuradas atribuciones (Weizenbaum, 1976). En este sentido, esta obra de Dominique Cardon es una [11] aportación fundamental que deberá ser tenida muy en cuenta en adelante, pues como bien dice en su coda final “con el mapa hemos perdido el paisaje” y es preciso recuperarlo para recobrar así la libertad. 

Referencias

 ARISTÓTELES (1986). Política. Edición de Carlos García Gual. Madrid, Alianza Editorial. 

CARDON, Dominique (2010). La Démocratie Internet. Promesses et limites. París, Seuil, coll. “La République des idées”. [Ed. cast.: Dominique Cardon, La democracia internet. Promesas y límites. Buenos Aires, Prometeo, 2016]. 

HUICI URMENETA, Vicente y DAVILA LEGERÉN, Andrés (2016). “Del Zoon Politikón al Zoon Elektronikón. Una reflexión sobre las condiciones de la socialidad a partir de Aristóteles”, Política y Sociedad, 53 (3), pp. 757-772. 

HUICI URMENETA, Vicente (2017). “Crisis y zoon elektronikón. Reflexiones sobre La red social, de David Fincher”, Revista del Centro de Investigaciones en Estudios Culturales, Educativos, Históricos y Comunicacionales. Universidad Nacional del Litoral, nº 11, pp: 217-227. Santa Fe, Argentina. 

IBÁÑEZ, Jesús (1985). Del algoritmo al sujeto. Perspectivas de la investigación social. Madrid, Siglo XXI de España. 

WEIZENBAUM, Joseph (1976). Computer Power and Human Reason: From Judgment To Calculation, San Francisco, W. H. Freeman. [Ed. cast.: Joseph Weizenbaum, La frontera entre el ordenador y la mente. Madrid, Pirámide, 1978]. 

 

(en CARDON, D. (2018) Con qué sueñan los algoritmos. Madrid, DADO Ediciones, pp. 7 -11. Los [ ] indican el comienzo de página )

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